SOLAR LACIANA - energias renovables

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Sistema casa
Casa nel 2010. Riscaldamento con impianti solari posizionati sul tetto. Risparmio energetico. Stufa a legna e stufa a pellet. Caldaia collegata con l'impianto di riscaldamento.
                                     Una fuente de energía renovable limpia con grandes posibilidades de futuro.
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La materia viva, o biomasa, contiene una energía que libera cuando se descompone o degrada. De hecho, la biomasa fue la principal fuente energética para las sociedades antiguas hasta la revolución industrial, cuando se empezaron a utilizar de forma masiva los combustibles fósiles. No obstante, se trata en la actualidad de una alternativa energética renovable y ecológica cada vez más demandada .
Una alternativa energética renovable y ecológica cada vez más demandada
Los diversos tipos de biomasa dan pie a la existencia de múltiples sistemas de obtención de energía. La biomasa natural es la que se produce espontáneamente en la naturaleza, como el material que se recoge en la poda de un bosque. La biomasa residual seca se compone de residuos derivados de la actividad agrícola, forestal o alimenticia, como la cáscara de almendra, el orujillo, o el serrín, y es la que presenta un mayor interés para el aprovechamiento industrial. La biomasa residual húmeda es la que surge de los vertidos biodegradables, como las aguas residuales o los excrementos del ganado. Los cultivos energéticos son aquellos que utilizan plantas, como el cardo o el girasol, para obtener biomasa transformable en combustible. En cuanto a los sistemas, se pueden utilizar métodos termoquímicos, como la combustión o la pirólisis, que utilizan básicamente calor, y son empleados con la biomasa seca; y métodos biológicos, que utilizan diversas formas de fermentación, y son empleados para producir carburantes como el etanol para la propulsión de vehículos, o para producción energética de las explotaciones agrícolas, aprovechando los excrementos del ganado.
La biomasa genera una energía renovable y ecológica, puesto que no aumenta el efecto invernadero, ni contamina con lluvias ácidas o gases tóxicos. Además, resuelve el problema del tratamiento de los residuos en el caso de la biomasa residual húmeda, y ofrece otras posibilidades, como su uso como fertilizante en la agricultura. La utilización energética de la biomasa también contribuye a la creación de puestos de trabajo en el medio rural y a evitar la degradación del suelo cuando se implantan cultivos energéticos en tierras abandonadas. Según un informe de la Asociación Europea de la Industria de la Biomasa y el Fondo Mundial para la Naturaleza, la biomasa permitiría reducir las emisiones de CO2 en cerca de mil millones de toneladas anuales, y podría satisfacer, dentro de 15 años, el 15% de la demanda eléctrica de los países industrializados.
Podría satisfacer, dentro de 15 años, el 15% de la demanda eléctrica de los países industrializados
La gran ventaja de la biomasa frente a los demás tipos de fuentes de energía renovables, como la eólica o la solar, es que puede ser almacenada y utilizada cuando se necesita. No obstante, para poder ser viable es necesario disponer de una fuente de biomasa cercana a precios razonables y tener unos consumos energéticos suficientes para que la instalación sea rentable.
En cuanto a los inconvenientes, hay que destacar que la biomasa rinde menos que los combustibles fósiles -por término medio, un litro de gasolina equivale a tres kilos de biomasa-, y que se necesitan más recursos y sistemas más complejos y costosos de almacenamiento y manejo, aunque cada vez más se están mejorando estos sistemas. Asimismo, los canales de distribución de la biomasa no están tan desarrollados como los de los combustibles fósiles, aunque sus defensores aseguran que las principales barreras no son de carácter tecnológico, sino de mentalidad y de capacidad organizativa.
En algunos países, la biomasa es el recurso económico más importante, como en Brasil, donde la caña de azúcar se transforma en etanol, o en la provincia de Sichuán, en China, donde se obtiene gas a partir de estiércol. En el caso de la Unión Europea (UE), con una gran dependencia energética del petróleo, se está apostando cada vez más por esta fuente de energía, siendo Francia, Suecia y Finlandia los países europeos que más biomasa consumen. El objetivo de los responsables europeos es doblar en 2010 el 4% actual de energía primaria que procede de la biomasa en Europa, para lo que se están aprobando diversas iniciativas, como un reciente plan de la Comisión Europea para los sectores de calefacción, electricidad y transporte que deberá ser puesto en marcha en su mayoría durante 2006.
Biomasa en España La biomasa en España supone actualmente algo más de la mitad de las energías renovables y está previsto que esta proporción se incremente en los próximos años. El Plan gubernamental de Fomento de las Energías Renovables, aprobado en diciembre de 1999, contempla una serie de incentivos y ayudas públicas, y pretende lograr un 12% del abastecimiento con energías renovables para el 2010. Andalucía es por su extensión y clima la comunidad autónoma con más potencial para la generación de energía a partir de la biomasa. De hecho, existen diversas plantas en Jaén o Málaga que ya están utilizando orujo o residuos de aceituna para crear energía. Sin embargo, la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) ha afirmado que los proyectos de producción de energía con biomasa están prácticamente paralizados, y asegura que se está cerca de incumplir los objetivos del Plan de Fomento de las Energías Renovables, aunque siguen apostando por el futuro de este tipo de fuente energética.
Panicum virgatum, una planta resistente empleada para producir biocombustibles.
El maíz, ejemplo de planta utilizada para la fabricación de biocombustibles
Biomasa, según el Diccionario de la Real Academia Española, tiene dos acepciones:
  1. f. Biol. Materia total de los seres que viven en un lugar determinado, expresada en peso por unidad de área o de volumen.
  2. f. Biol. Materia orgánica originada en un proceso biológico, espontáneo o provocado, utilizable como fuente de energía.
La primera acepción se utiliza habitualmente en Ecología. La segunda acepción, más restringida, se refiere a la biomasa 'útil' en términos energéticos: las plantas transforman la energía radiante del Sol en energía química a través de la fotosíntesis, y parte de esa energía química queda almacenada en forma de materia orgánica; la energía química de la biomasa puede recuperarse quemándola directamente o transformándola en combustible (ésta es la única acepción recogida en la wikipedia inglesa en junio de 2008).
Un equívoco muy común es confundir 'materia orgánica' con 'materia viva', pero basta considerar un árbol, en el que la mayor parte de la masa está muerta, para deshacer el equívoco; de hecho, es precisamente la biomasa 'muerta' la que en el árbol resulta más útil en términos energéticos. Se trata de un debate importante en ecología, como muestra esta apreciación de Margalef (1980:12):
Todo ecólogo empeñado en estimar la biomasa de un bosque se enfrenta, tarde o temprano, con un problema. ¿Deberá incluir también la madera, y quizás incluso la hojarasca y el mantillo? Una gran proporción de la madera no se puede calificar de materia viva, pero es importante como elemento de estructura y de transporte, y la materia orgánica del suelo es también un factor de estructura.
Otro equívoco muy común es utilizar 'biomasa' como sinónimo de la energía útil que puede extraerse de ella, lo que genera bastante confusión debido a que la relación entre la energía útil y la biomasa es muy variable y depende de innumerables factores. Para empezar, la energía útil puede extraerse por combustión directa de biomasa (madera, excrementos animales, etc), pero también de la combustión de combustibles obtenidos de ella mediante transformaciones físicas o químicas (gas metano de los residuos orgánicos, por ejemplo), procesos en los que 'siempre' se pierde algo de la energía útil original. Además, la biomasa puede ser útil directamente como materia orgánica en forma de abono y tratamiento de suelos (por ejemplo, el uso de estiércol o de coberturas vegetales). Y por supuesto no puede olvidarse su utilidad más común: servir de alimento a muy diversos organismos, la humanidad incluida (véase 'cadena trófica').
La biomasa de la madera, residuos agrícolas y estiércol continúa siendo una fuente principal de energía y materia útiles en países poco industrializados.
En la primera acepción, es la masa total de toda la materia que forma un organismo, una población o un ecosistema y tiende a mantenerse más o menos constante. Su medida es difícil en el caso de los ecosistemas. Por lo general, se da en unidades de masa por cada unidad de superficie. Es frecuente medir la materia seca (excluyendo el agua). En la pluviselva del Amazonas puede haber una biomasa de plantas de 1.100 toneladas por hectárea de tierra.
Pero mucho más frecuente es el interés en la 'producción neta' de un ecosistema, es decir, la nueva materia orgánica generada en la unidad de superficie a lo largo de una unidad tiempo, por ejemplo, en una hectárea y a lo largo de un año. En teoría, en un ecosistema que ha alcanzado el clímax la producción neta es nula o muy pequeña: el ecosistema simplemente renueva su biomasa sin crecimiento a la vez que la biomasa total alcanza su valor máximo. Por ello la biomasa es uno de los atributos más relevantes para caracterizar el estado de un ecosistema o el proceso de sucesión ecológica en un territorio (véase, por ejemplo, Odum, 1969).
En términos energéticos, se puede utilizar directamente, como es el caso de la leña, o indirectamente en forma de biocombustibles (biodiésel, bioalcohol, biogás, bloque sólido combustible). Pero al igual que no consideramos al vino como biomasa, debe evitarse denominar como biomasa a los biocombustibles (nótese que el etanol puede obtenerse del vino por destilación): 'biomasa' debe reservarse para denominar la materia prima empleada en la fabricación de biocombustibles.
La biomasa podría proporcionar energías sustitutivas a los combustibles fósiles, gracias a biocombustibles líquidos (como el biodiésel o el bioetanol), gaseosos (gas metano) o sólidos (leña), pero todo depende de que no se emplee más biomasa que la producción neta del ecosistema explotado, de que no se incurra en otros consumos de combustibles en los procesos de transformación, y de que la utilidad energética sea la más oportuna frente a otros usos posibles (como abono y alimento, véase la discusión que para España plantea Carpintero, 2006).
Actualmente (2009), la biomasa proporciona combustibles complementarios a los fósiles, ayudando al crecimiento del consumo mundial (y de sus correspondientes impactos ambientales), sobre todo en el sector transporte (Estevan, 2008). Este hecho contribuye a la ya amplia apropiación humana del producto total de la fotosíntesis en el planeta, que supera actualmente más de la mitad del total (Naredo y Valero, 1999), apropiación en la que competimos con el resto de las especies.
Clasificación 
La biomasa, como recurso energético, puede clasificarse en biomasa natural, residual y los cultivos energéticos.
  • La biomasa natural es la que se produce en la naturaleza sin intervención humana. Por ejemplo, las podas naturales de los bosques.
  • La biomasa residual es el subproducto o residuo generado en las actividades agrícolas (poda, rastrojos, etc.), silvícolas y ganaderas, así como residuos sólidos de la industria agroalimentaria (alpechines, bagazos, cáscaras, vinazas, etc.) y en la industria de transformación de la madera (aserraderos, fábricas de papel, muebles, etc.), así como residuos de depuradoras y el reciclado de aceites.
  • Los cultivos energéticos son aquellos que están destinados la producción de biocombustibles. Además de los cultivos existentes para la industria alimentaria (cereales y remolacha para producción de bioetanol y oleaginosas para producción de biodiésel), existen otros cultivos como los lignocelulósicos forestales y herbáceos o la pataca.
Obtención de biocarburantes 
Hay varias maneras de clasificar los distintos combustibles que pueden obtenerse a partir de la biomasa. Quizás la más pertinente es por el proceso de producción necesario antes de que el combustible esté listo para el uso.
  • Uso directo. La biomasa empleada sufre sólo transformaciones físicas antes de su combustión, caso de la madera o la paja. Puede tratarse de residuos de otros usos: poda de árboles, restos de carpintería, etc.
  • Fermentación alcohólica. Se trata del mismo proceso utilizado para producir bebidas alcohólicas. Consta de una fermentación anaeróbica liderada por levaduras en las que una mezcla de azúcares y agua (mosto) se transforma en una mezcla de alcohol y agua con emisión de dióxido de carbono. Para obtener finalmente etanol es necesario un proceso de destilación en el que se elimine el agua de la mezcla. Al tratarse de etanol como combustible no puede emplearse aquí el método tradicional de destilación en alambique, pues se perdería más energía que la obtenida. Cuando se parte de una materia prima seca (cereales) es necesario producir primero un mosto azucarado mediante distintos procesos de triturado, hidrólisis ácida y separación de mezclas.
  • Transformación de ácidos grasos. Aceites vegetales y grasas animales pueden transformarse en una mezcla de hidrocarburos similar al diesel a través de un complejo proceso de esterificación, eliminación de agua, transesterificación, y destilación con metanol, al final del cual se obtiene también glicerina y jabón.
  • Descomposición anaeróbica. Se trata de nuevo de un proceso liderado por bacterias específicas que permite obtener metano en forma de biogás a partir de residuos orgánicos, fundamentalmente excrementos animales. A la vez se obtiene como un subproducto abono para suelos.
Biomasa como energía alternativa [editar]
En todos estos procesos hay que analizar algunas características a la hora de enjuiciar si el combustible obtenido puede considerarse una fuente renovable de energía:
  • Emisiones de CO (dióxido de carbono). En general, el uso de biomasa o de sus derivados puede considerarse neutro en términos de emisiones netas si sólo se emplea en cantidades a lo sumo iguales a la producción neta de biomasa del ecosistema que se explota. Tal es el caso de los usos tradicionales (uso de los restos de poda como leña, cocinas de bosta, etc.) si no se supera la capacidad de carga del territorio.
    • En los procesos industriales, puesto que resulta inevitable el uso de otras fuentes de energía (en la construcción de la maquinaria, en el transporte de materiales y en algunos de los procesos imprescindibles, como el empleo de maquinaria agrícola durante el cultivo de materia prima), las emisiones producidas por esas fuentes se contabilizan como emisiones netas. En procesos poco intensivos en energía pueden conseguirse combustibles con emisiones netas significativamente menores que las de combustibles fósiles comparables. Sin embargo, el uso de procesos inadecuados (como sería la destilación con alambique tradicional para la fabricación de orujos) puede conducir a combustibles con mayores emisiones.
    • Hay que analizar también si se producen otras emisiones de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, en la producción de biogás, un escape accidental puede dar al traste con el balance cero de emisiones, puesto que el metano tiene un potencial 21 veces superior al dióxido de carbono, según el IPCC.














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Existen diferentes tipos de biomasa que pueden ser utilizados como recurso energético. Aunque se pueden hacer multitud de clasificaciones, en esta monografía se ha escogido la clasificación más aceptada, la cual divide la biomasa en cuatro tipos diferentes: biomasa natural, residual seca y húmeda y los cultivos energéticos.
  1. BIOMASA NATURAL
    Es la que se produce en la naturaleza sin ninguna intervención humana. El problema que presenta este tipo de biomasa es la necesaria gestión de la adquisición y transporte del recurso al lugar de utilización. Esto puede provocar que la explotación de esta biomasa sea inviable económicamente.
  1. BIOMASA RESIDUAL (SECA y HÚMEDA)
    Son los residuos que se generan en las actividades de agricultura (leñosos y herbáceos) y ganadería, en las forestales, en la industria maderera y agroalimentaria, entre otras y que todavía pueden ser utilizados y considerados subproductos. Como ejemplo podemos considerar el serrín, la cáscara de almendra, el orujillo, las podas de frutales, etc.
Se denomina biomasa residual húmeda a los vertidos llamados biodegradables, es decir, las aguas residuales urbanas e industriales y los residuos ganaderos (principalmente purines).
  1. CULTIVOS ENERGÉTICOS
    Estos cultivos se generan con la única finalidad de producir biomasa transformable en combustible. Estos cultivos los podemos dividir en :
    1.Cultivos ya existentes como los cereales, oleaginosas, remolacha, etc.;
    2.Lignocelulósicos forestales (chopo, sauces, etc.)
    3.Lignocelulósicos herbáceos como el cardo Cynara cardunculus 4.Otros cultivos como la pataca
Dentro del Plan de Fomento de las Energías Renovables se contempla el aumento de 6.000 ktep de la utilización de la biomasa como fuente energética entre 1999 y 2010. Este incremento se quiere conseguir con las ayudas económicas y  otros incentivos.